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de 10h. a 14h. y de 17h. a 21h.

Próxima exposición // Inauguración 21 de septiembre de 17 a 22 h.

TRIP (2015-2018). Ana Esteve Llorens

20 septiembre 2018 > 17 noviembre 2018

"Ana Esteve Llorens: Pensando en hacer"
Por Lauren Moya Ford

Vivo en una isla. No conozco a nadie, y muchos de los días los paso sola. Vine aquí con el objetivo de escribir más de lo que he escrito nuca. Después de meses de imaginar cómo sería, finalmente he llegado. Pero en estos momentos me siento incapaz de escribir. Como si sostuviera un libro tan cerca de mi nariz que el texto se me aparece demasiado borroso para leer. Probablemente debería esperar unos meses antes de reflejar mis impresiones sobre papel. Hasta que pueda mirar la isla desde muy lejos, desde un lugar donde pierda los detalles que hacen que hoy sea tan nítido, tan crujiente, casi arduo. Es entonces cuando podré resumir esta experiencia en algo que merezca la pena leer.

Ana Esteve Llorens dice "no abstraemos de la nada". Cuando vi por primera vez sus nuevas piezas textiles, su escala y tonos terrosos me hicieron pensar en la pintura de campos de color. Pero ahora que vivo en una isla, veo sus colores y líneas de forma más palpable en el árido paisaje que me rodea. Y al igual que la arena, el aire del océano y las montañas polvorientas tienen sus propias densidades, las fibras en las piezas de Esteve Llorens están hechas de diferentes materiales que dan forma a su naturaleza. Tintes de plantas e insectos, e hilos de México y más allá incrustan en las piezas un sutil sentido de lugar que Esteve Llorens identifica como una "acumulación de experiencias, algo que se construye con el tiempo". De hecho, el tejido es un proceso físico y repetitivo que abre a su creadora a la meditación y a la memoria. Recordar es un tipo de pensamiento y un tipo de creación. Al recordar, reescribimos la historia, la reforzamos y la modificamos. La imagen recordada será siempre fragmentada.

Los espejos en estas piezas son portales hacia otro mundo, pero solo en parte. Podrán reflejar pedazos de otras obras, o del propio espectador al moverse en el espacio de la galería. Al enfrentarse a ellas, su cuerpo se convierte en parte de la superficie de las piezas. Y esto encaja, ya que el movimiento y el ritmo del cuerpo de la tejedora es lo que define el contorno, la tensión y la forma final de cada obra. Ambos cuerpos, coinciden, aunque brevemente, en cada espejo. Las piezas invitan al espectador a insertarse aún más en ellas a través de una asociación pictórica- le podrán parecer una escena de playa, o una carretera, o una piel de serpiente de cascabel. Esta abstracción visual, junto con su flexibilidad física- se pueden estirar, enrollar, y colgar- representa el punto convincente entre artesanía (en este caso, el textil) y el arte (instalación y pintura), que Esteve Llorens explora a través de su práctica artística.

La artista comenzó a tejer en México, lugar que asocio con antiguos amantes, noches tardías, mi abuela y todos los que vinieron antes que ella. Puedo escribir sobre ese lugar porque ha pasado suficiente tiempo desde que estuve allí, pensar en él es en realidad recordarlo. Esos tiempos y estas piezas me recuerdan a los espejos de obsidiana que vi en los museos, y a Tezcatlipoca, el dios azteca de los espejos humeantes. Y eso es lo que necesito ahora, para ver, aunque no claramente. Necesito una visión ahumada por el tiempo, el espacio y la profundidad de la memoria. De vuelta aquí en la isla, estoy pensando en hacer, aunque todavía no estoy lista.